La seriedad, cavila Sterne

A veces decía, con su desgarrado lenguaje, que la seriedad era «como un pícaro vagabundo» y -añadía- «de la peor especie», ya que era taimada, y también estaba convencido que la gente más honrada y de mejores intenciones podía quedarse por su causa sin bienes ni dinero, con más facilidad que por culpa de los rateros y ladrones. Sostenía que con el temperamento sincero que proporciona un corazón sin doblez, todo tenía que ir bien, y que lo que pasaba era que «como en la misma esencia de la seridad están la imaginación y su consecuencia el engaño, era un truco consabido granjearse el crédito de la gente afectando mejor sentido y cultura de los que uno tenía» y que con todas sus pretensiones, la seriedad no era mejor sino casi siempre peor de como lo definiera hace tiempo un francés ingenioso* diciendo que era como «un afectado continente del cuerpo para cubrir los defectos del contenido de la mente», definición de seriedad que, a juicio de Yorick, merecía escribirse con letras de oro.


Laurence Sterne
Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy
trad. José Antonio López de Retona
Akal, 1985
pp. 40-41

* La Rochefoucauld