Trellis practicaba otro curioso hábito en relación con sus lecturas. Consideraba todos los colores salvo el verde símbolos del mal y limitaba sus lecturas a los libros provistos de encuadernación verde. Aunque era un hombre de vastos conocimientos y de cultura, esta norma arbitraria produjo grandes vacíos en su formación. Desconocía, por ejemplo, la Biblia, y muchos de sus conocimientos sobre los grandes misterios de la religión y el origen del hombre los había adquirido de criados y de conocidos de las tabernas y eran, en consecuencia, imperfectos y se hallaban, en algunos sentidos, ridículamente tergiversados. Es por este motivo por lo que su famosa obra Pruebas de la religión cristiana contiene semillas de grave herejía. Si un amigo le comentaba que debía leer un libro de mérito recientemente llegado a manos del librero, inquiría en concreto el carácter de la encuadernación y al saber que las tapas no eran de color verde condenaba el libro (pese a no haberlo examinado) como obra del diablo; para gran sorpresa de su amigo. Experimentó durante varios años graves dificultades para proveerse de suficientes libros con que satisfacer su mente diligente e inquisitiva, debido a que los editores de Londres no se inclinaban por el color verde, exceptuando sobre temas como grecas, cocina y parabólicas. Los editores de Dublín, sin embargo, juzgaban dicho color muy propio para sus muchas obras sobre el tema de la historia y las antigüedades de Irlanda y no es sorprendente, en consecuencia, que Trellis acabase siendo considerado una autoridad en estos temas y que le consultasen a menudo individuos dedicados a la investigación, incluidos miembros de las órdenes religiosas, de la clase de los enclaustrados.
Flann O'Brien
trad. José Manuel Álvarez
Nórdica, 2010


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