Anna Ajmátova

En lo más alto de los acantilados que la marea del tiempo levanta sobre el oprobio, como una luz un eco está ella, Anna, su mirada enrojecida por la rabia contempla las injusticias, lo espurio de las versiones oficiales, la abyección gobernando el mundo.
Momentos de conversación hacia otro lugar nunca le faltan, con quienes distantes tanto del infame presente como de la onomástica elevada a santidad por los hombros ignorantes -reinado aplastante de lo falaz mentira, perverso ocultamiento, ninguneo-, habitan el espacio éste nuestro que cada día transformado en virtualidad que no por ello pierde del todo su fría vestimenta de lejanía, aun así nos acerca piel cálida del poema. Sobre la barca catafalco del banquete fúnebre, cartas denuncias y otro adiós, pero también indignación. Siempre el coraje desespera pero nunca le faltan notas testimoniales que aseveran y atestiguan y ratifican su voz. Escribió:

"Así, una pesada lancha
puede sujetarse por largo tiempo junto al muelle,
como una mano débil despidiéndose
de aquel que permaneció en tierra firme."*


Y a medida que el sol se inclina como derrotado, ella es otra luz que brilla más constante, que hace menos frío el firmamento; quizás no haya existido estrella que con mayor insistencia deseara florecer el vacío. Yo escribo:
Alinearse
es alienarse,
ponerse en línea,
meterse el bicho de la desdicha en el cuerpo y sacarlo pútrido;
ser cómplice del asesinato del propio padre,
de la tortura que a la madre propia inflige el veneno del abandono y
el sándano que adormece a los hermanos
y a las hermanas miente y
esclaviza a los hijos con el sudor mancillado de nuestros nietos.
Alinearse
por no traicionar a nadie
es traicionarte a ti mismx.

La poesía de Ajmátova es un recuento de heridas de ésas que sólo se alivian en la belleza del dolor expresado, verso trémulo, mágica palabra o don de la naturaleza protestona. Buscó la salvación y se la reclamó a un dios redentor que a resultas hablaba a través de ella: no existe mayor firmeza que la esperanza que fluye en sus labios, ni más grande fortaleza que la de sus ojos.


* Soy vuestra voz (Antología)
trad. Belén Ojeda 
Hiperión, 2005; p. 191.