Homenaje a Miguel Martínez-Lage (1961-2011)


Tenía yo los planes cerrados para los próximos diez días: iniciar la construcción de la biblioteca en nuestra aldea (esto es, levantar las estanterías y comenzar a instalar algunos libros), continuar la lectura de Contraluz de Pynchon a la sombra de los fresnos de nuestro patio y concluir el capítulo tercero de la primera novela de El placer de ser rebaño, ahora que parece que encaja; pero surge hoy un hecho que trastoca ligeramente estos planes. Desde hace mucho tiempo siento curiosidad por Samuel Johnson, a quien admiran muchos de los más grandes escritores de los siglos XIX y XX, y me acabo de enterar de la fatal noticia de la muerte de uno de los mejores traductores al español de la actualidad (mala racha llevamos, tras la desaparición de Mario Merlino hace algo menos de dos años): Miguel Martínez-Lage nos abandona apenas cincuenta años después de haber venido. Y surgió el cruce: leyendo el obituario que le dedica Antonio Jiménez Morato en su bitácora, me entero de que la tentadora Vida de Samuel Johnson de James Boswell, que desde sus casi dos mil páginas brilla en la estantería de "Biografías" y llama a aquellos que por allí menudeamos siempre dispuestos a escuchar los reclamos de la literatura, no sólo fue traducida por nuestro malogrado Miguel, sino que además le valió el Premio Nacional de Traducción en 2008. Este cruce de casualidades, como si inmerso en una novela de Paul Auster me encontrara, me empuja a tomar la biografía sobre Samuel Johnson y la novela de éste La historia de Rasselas, príncipe de Abisinia, editada por Berenice en 2007 traducida por María Luisa Pascual Garrido, y plantarme con ellas mañana en la aldea. Pynchon sabrá esperar; la biblioteca se retrasó demasiado y pide plena dedicación, pero dejará sus huecos a momentos de soledad que siempre los hay; y, en fin, el capítulo tercero se verá gratamente afectado. Es muy probable que no concluya la lectura del coloso de James Boswell, pero al menos algo empezaré a saber de por qué tanta admiración hacia Johnson. Gracias Miguel, ¡va por ti!