Más vale de risa que de lágrimas escribir,
porque reír es lo propio del hombre.

François Rabelais (ca. 1494-1553)
"A los lectores", introducción a
La muy horrífica vida del gran Gargantúa, padre de Pantagruel
trad. Gabriel Hormaechea
Acantilado, 2011





Mientras mi corazón esté lleno de amor
y la cabeza del prójimo llena de tontería,
no ha de faltarme tema para escribir.

Heinrich Heine (1797-1856)
El tambor Legrand
trad. José J. Herrero
Porrúa, 1984



Mudanza



Este mensaje es para comunicaros que
he decidido tomar la pastilla roja
y me salgo del mátrix
(esto es, el lado oscuro:
facebook, yahoo y google).
 
Desde ahora estaré en n-1
https://n-1.cc/profile/eugnav
... cuando funcione
 
con el correo
servusservorum@nodo50.org
 
y bajo el dominio
http://engutierrez.com 
donde iré colgando todas las entradas que componen
esta bitácora
(con su fecha original)
y las que vayan surgiendo desde ahora 

por otro lado -algo menos oscuro-
sigo en twitter
https://twitter.com/eugnav
al menos de momento...
 
Ha sido un verdadero placer;
espero seguir contando con vosotrxs
 
¡besitos y abrazotes!

La amenaza fantasma


Una corriente espiritualista nos atraviesa, de cabo a rabo. Resulta paradógico que nazca en el relativismo y haya encontrado su justificación en la hipótesis cuántica, pero así parece. Cuando uno lee -escrito en 2002- que “la nueva visión de la realidad, que con el tiempo debería reemplazar en diversas disciplinas la visión del mundo cartesiana y mecanicista (...)”*, queda perplejo y piensa que se ha perdido algo. Por ejemplo, La evolución creadora de Bergson: creía yo que aquello era materialismo; pues no. Que un servidor confunda siempre las intenciones de escritos dirigidos a formar en sus lectores una conciencia planetaria empática y panteísta -fenomenológica al estilo de Teilhard de Chardin-, y crea que donde ve una causalidad mundana hay en realidad una motivación idílica, no es nada nuevo. Tampoco trágico. Lo que comienza a preocuparme es que unidos al misticismo orientalista de los taos y al dirigismo social de la revolución cognitiva, coexista una tremenda carga cientifista, que apunta ya sin ambages a establecer el fundamento incontestable para tan simpar paradigma de la dominación: la Sabiduría del Experimento Comprobado. El ecologismo será el integrismo del futuro, me dijo una vez J. M. G. desde su posición de geólogo en la Administración Pública, y con tanto acierto lo predijo que ahora él cree haberlo olvidado; pero el que a una escuela que se pretende especialista en dar conformación práctica a sus alumnos para soportar la vida, se le llame «metafísica»; o que los encuadres de apólogos globalizadores como Edgar Morin puedan hablar desde el altar de la ciencia en vez de desde el púlpito del pensamiento (posiblemente deberíamos detenernos en Heisenberg, ¿dónde quedó el rechazo a la bomba atómica? Ah Russell, hoy sólo hizo un camino hacia la felicidad...), me induce -arrastra- a creer que en efecto son los asesinos de Giordano Bruno los mismos que ahora malinterpretan sus mundos posibles (esto es: transformaron los arquetipos del destino olímpico y la providencia edénica en aquel valparaíso proletario, y superan ahora nuestros males eternos con la terapia categórica: que en la guerra no hay causalidad petrolera, que son nuestros genes...). Con acierto sospechó Bakunin que los científicos llegarían a convertirse en casta de dominación más peligrosa que la sacerdotal: les ampara el informe firmado.


* Fritjof Capra: Las conexiones ocultas. Traducción de David Sempau, Anagrama 2003.

La capacidad negativa


Advierte John Keats que la Belleza no está en la forma de la obra, ni siquiera en el contenido (aquella sentencia que el propio Keats exhibe al concluir su celebérrima Oda a una urna griega -«La belleza es verdad y la verdad belleza»-, que era lo único existente y necesario que podemos alcanzar a conocer, queda de esta manera en entredicho: la verdad, relacionada con el contenido de la obra, no será el distintivo de la belleza): la Belleza se encuentra en la sensación que nos produce el arte, conciencia de pertenencia al colectivo, de correspondencia con el artista, de la armonía que el eco de ese estímulo suscita con nuestro propio interior. Esta definición de belleza la lanzó yo desde mi interpretación de la noción que ha convertido al malogrado poeta inglés en el gran teórico de la poesía romántica (para mayor pesadumbre de Wordsworth): la «capacidad negativa».



Según el fragmento de carta a Bailey donde Keats expuso tan informalmente su teoría, la capacidad negativa es “la del hombre capaz de existir entre incertidumbres, misterios, dudas, sin encarnizarse en alcanzar el hecho y la razón”, y pone el ejemplo de Coleridge, quien habría extraviado su creación poética “por ser incapaz de contentarse con un conocimiento a medias”. A esta conclusión llega el poeta -según Cortázar explica en su magnífica Imagen de John Keats- tras haber percibido que la contemplación de un cuadro, al margen de su belleza formal y del sentido de la escena que representa, se encuentra en la sensación que produce en cada sujeto que lo contempla, y lo deduce tras rechazar un cuadro donde “sólo se siente lo desagradable, sin nada que incite a una profunda contemplación en la que desaparezca lo que de repulsivo tiene”. Esto nos ayuda a comprender por qué decimos legítimamente que cierta manifestación humana es grosera, comercial o kitsch: su efecto es tan inmediato que se nota manipulado, es sensacionalista y sensiblero; en cambio, a medida que aumenta la calidad de la expresión, también aumenta la dificultad para que el objeto genere sobre el sujeto su efecto (sea éste o no la intención del autor): ahora aumenta la exigencia sobre el espectador, el oyente o el lector, quien necesita un mayor acerbo cultural, una comprensión más profunda de las posibilidades, capacidades y experiencias del arte, un universo más expansivo de su mundo. Y en este punto podría situarse la relación entre Belleza y Verdad, porque la Verdad que así identifica Keats no es el nivel de identidad entre el contenido de la obra y la realidad objetiva, sino la correspondencia entre la sensación que produce en el receptor y aquélla que deseó provocar el artista.



A propósito de las correspondencias, asegura Cortázar -en el título citado- que no debemos señalar la influencia que, por ejemplo, sobre Baudelaire pudo ejercer la poesía de Keats (influencia que, en muchos casos, es indemostrable al no ser explicitada por el influido). sino que esta relación tenemos que considerarla «de correspondencia», pues autores posterior y anterior se han encontrado, más allá de propios o ajenos objetos, en un nivel de la sensación que el mundo produce sobre el individuo, y ahí se unieron bajo resguardo de la Belleza, y así de la Verdad. Este concepto lo he podido atrapar -virtualmente, pues aún me parece una delicada burbuja de balbuceos- hace pocos meses, cuando comprendí que la Belleza y Verdad de la obra de Marx no se encuentra en la composición literaria de sus pensamientos, ni en el parecido que su teoría del valor pueda tener con la realidad de los fenómenos económicos capitalistas, sino en la correspondencia entre el sentido de la praxis laboral que él expresa y aquél que yo capto.



El crítico de arte Wladimir Weidlé, a quien el destino nos ha relacionado estrechamente con Gombrowicz (y con esto termino de citar a Cortázar), asegura que eso que Keats define cuando habla de capacidad negativa es ni más ni menos que la indescriptible «intuición», que sería de este modo la herramienta que provee al artista de la visión creadora. Así transcribe Cortázar lo que dice Weidlé: “La Capacidad Negativa es el don de permanecer fiel a una certeza intuitiva que el razonamiento desecha y que el buen sentido no admite; de conservar un modo de pensar que no puede sino parecer insensato e ilógico desde el punto de vista de la razón y de la lógica, pero que desde un punto de vista más profundo podría revelarse como superior a la razón y trascender la lógica del pensamiento conceptual”. Es claro que John Keats, como romántico, es idealista, pero sabemos también que reprochó a Percy Shelley su querer cambiar el mundo por medio de la poesía, cuando la acción así concebida excede los márgenes de la poesía: Keats también nos conmina a cambiar el mundo, pero no haciendo uso de otra forma que no sea la forma poética; cree en la intuición y, como dice Weidlé, en la contemplación “no en un estado de diferenciación, de desintegración analítica, sino en la unidad primera del ser”.

Nosotros nos concebimos materialistas en el sentido de considerar que la materia precede a la idea, pero no nos alineamos con una materia convertida en idea al conocimiento de cuya naturaleza oculta debamos empeñar la busca de un acceso; por eso tratamos de escribir con la cosa delante, pero dejamos que ésta se transforme durante el acto de la escritura y al concluirla sea cosa distinta. Y desde ahora nos confiamos plenamente y sin pudor alguno a la intuición, y sobre todo a aquella que iluminó a este genio poético que es John Keats: porque sobre la lectura simplista de su sensualismo brota la llama que dio origen al arte moderno.

Lenguaje y silencios conforman el mundo


fue esa historia del primer oráculo
la "voz" es viento
se escucha en la cueva
y quien no tema ha de ser
la primera persona atea
la que baja y descubre
la que a menudo sube y dicta
su voluntad de demonio
con buena letra

pero a las primeras te convierten en sacerdote
-o sacerdotisa, valga la redundancia-
y serán los gritos desesperados
ciertos ritos de iniciación
elección de comienzos volubles
que eligen mal y se dejan influir
y tratan de poner freno al aumento de privilegios
al derrumbe de la estabilidad
al bloqueo del crecimiento
al insidioso estilo del capitalista
amante del consumo de productos prescindibles

y es que la información nos hace
y el discurso del lenguaje y el universo popular
con sus clichés
el tópico
la mentira política
quienes deben crearla
terminan creyéndola
como sirenas de Kafka
Wittgenstein por medio
soy el que soy dijo el Moisés (de Schönberg)
y replica Morelli (el de Rayuela):
"Me hubiera gustado entender
mejor a Mallarmé, su sentido
de la ausencia y del silencio
era mucho más que un recurso
extremo, un impasse metafísico."

ya en nuestros tiempos son otros
la ausencia de Valente
la desaparición de Pasavento
el cuarto propio de Woolf
las instrucciones de Pizan
la torre de Montaigne y
en los interludios entre cafés
Cicerón regresando al siglo para morir en un despropósito

las primeras personas
salen de la caverna
a Ovidio le destierran
de la lengua materna
y a mí entre ruido los silencios
cada vez más profundos
pero a menudo sube y dicta
su voluntad de demonio
con buena letra

Frasecillas sobre Percy Shelley


Varado en la orilla de la vida no distingues
la obligación de ser humano no se posa en ti
y las olas se llevaron desde tu habitación de lujos
toda conciencia de mantener lo que tienes
más allá de tu único deseo

Te falto comprender que las risas han de perdurar
y que un hombre no es tan poeta como para cambiar
el mundo
Porque hay deberes que no terminan en quien se los apodera
sino que empiezan en uno y lentamente se depositan
en los demás

Pero tú tenías el ímpetu romántico, la juvenil arrogancia,
la pluma brillante
y creíste deslumbrar al ciego mientras sordos y cojos
soñaban tus suspiros
y tuviste que lamentar la muerte a tu alrededor
amado hasta que la muerte misma te besó

No te inquiete el sufrimiento que dejaste porque
aquellos que por eso te escupen no te olvidan